Tenía el equipaje lista para marchar, solo me faltaba hacerle un pequeño espacio a Elliot para que durmiera en el camino. ¿Dónde iríamos?, otra pregunta sin responder.
Intentaba poner mis ropas lo mas cómodas para mi gatita cuando una mano marrón me tomo la muñeca, mi movimiento fue rápido y deje al extraño en el suelo. Mire para percatarme de haberlo hecho bien y gemí:
-¡Señor!, lo lamento, es que ha entrado usted con demasiado silencio y me ha pillado desprevenido- El viejo solo se levanto algo quejumbroso y rio.

-Tranquilo Viajero- rió otra vez –Esta bien tener esos reflejos- me guiño un ojo –Discúlpeme a mi por haberle importunado, solo venia a pedirle que se quedase esta noche otra vez, hacía tiempo que no teníamos visitas y a veces nos sentimos algo solos- me sonrió quedadamente.

No sabía que responder, por lo que solo asentí. El viejo me sostuvo la mirada unos segundos con sus ojos azulinos, luego la corrió rápidamente al escuchar un par de risitas tras la puerta. Sus pasos se apresuraron hacia el lugar de las voces, abrió la puerta fuerte y dos pequeñas figuras se encontraban ahí.
Les miré asombrado por la belleza que tenían ambos pequeños, pero la voz rasposa del viejo me saco de mi ensueño.

-Noah, Zoé, ¿Qué les he dicho de escuchar tras las puertas?- Solo un par de risitas se escaparon de sus labios.

Eran demasiado pequeños como para comprender las palabras del criado. El chico, que debía de ser Noah, debería de tener unos 10 años, la pequeña Zoé no más de 7. Lo que más me causaba gracia era como estaban ambos vestidos iguales, como niños, ella tenía el pelo recogido en un tomate que se notaba se encontraba bajo la boina, pero sus ojos grisáceos y su delicado rostro dejaba al descubierto total que se trataba de una niña.
Me acerque con total confianza, al percatarme de que sus ojos me escudriñaban más de lo normal. No recordaba estar demasiado relacionado con niños, por lo que simplemente les trate como adultos. Hice una pequeña reverencia que ellos luego copiaron tome la mano de la pequeña y se la besé.

-Mucho gusto, Mademoiselle Zoé, puede llamarme Xavier- le sonreí cálidamente a la pequeña que aun me observaba con demasiado interés en sus ojos. Me volví al joven y le di la mano. -Mesié Noah- él mantuvo la mirada rígida y menos dulce que la muchacha, aun cuando igual me estrecho la mano.

-Mesié Xavier- dijo con un tono rudo, casi cortante. Mi cuerpo se erizó, no sé si por su rechazo, por sus ojos verdes agua demasiados fríos o por la electricidad que irradiaba su palma.

El criado que mantenía una sonrisa fija en su rostro, nos separó diciendo que los chicos tenían deberes que hacer, que su institutriz les esperaba. Yo me despedí con un dejo de melancolía en los ojos. Me quede apoyado en la puerta abierta, mirando hacia la otra esquina, donde se encontraba la ventana, unos cálidos rayos entraban escurridizos.
Decidí ir a caminar al bosque.
Salí por la enorme cocina donde una mujer robusta me sonrió con demasiada confianza, yo solo le hice un gesto de saludo con la mano y seguí con mi camino. Los arboles se encontraban bordeando el parcelado, me adentre de a poco, sin esperar compañía, pero ahí ya estaba ella, sobre una manta blanca. Pisé una rama sin querer y sus ojos se abrieron mirándome extrañada, quizás algo en mi rostro no estaba bien, me lo palpe con las manos, lloraba. Ella se me acercó ronroneando y me seco del rostro las lágrimas con un maullido ínfimo. Me levante con ella en los brazos y tome aquel trozo de tela blanco, para mi sorpresa un jazmín yacía bajo él, y un pequeño papel se escapaba de la tela. Acaricie la flor poniéndola otra vez de pie, el viento sopló y ella bailo maravillada, me quede ahí quieto. Tome el papel húmedo y lo leí en voz baja para que solo Elliot lo escuchara:


“Si no me puedes mantener a mi, amor, mantén el olor de aquel jazmín que hizo todo por nosotros, y cada vez que lo escuches, lo sientas y lo huelas, una lagrima rodara tu mejilla... una lagrima de estas, una de las mías”

Tuya



No salía el nombre del personaje que la escribió, el papel se encontraba rajado. Elliot acaricio el papel como si ya lo conociese y luego me acaricio a mí. Le sonreí y me tendí sobre la tierra fresca.


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