Memoria "Capitulo XII"
Los truenos en aquella noche habían asustado mas a Claude que cualquier otro día de cualquier otro invierno, su pieza parecía algo inmenso, extraño y terrorífico. Sus gritos se ahogaban en ella, y nadie venia en su rescate, sintió lastima, lloró y gritó más fuerte.
Los minutos se agotaban y el pobre pequeño prefirió solo hundirse en la almohada y taparse totalmente con el cobertor.
La puerta rechinchineaba de vez en vez obligando a Claude taparse los oídos para intentar dormir.
Estaba completamente tapado cuando sintió algo sobre su cama, se tensó, y se abrazo, apretando los parpados entre sí creyendo que así iba a desaparecer, de sus labios salían silabas que apenas parecían silbidos:
-Ma- ma.
Aquel ser que se encontraba sobre el comenzó a jalar de las sabanas, a cada minuto más desesperadamente, Claude las apretaba en sus pequeños puños, cada vez subiendo mas la voz hasta que por fin pudo gritarlo.
-¡MAMÁ!-
-Cariño que ocurre- Sonó la voz melodiosa de aquel que se encontraba a su lado.
El pequeño se destapo en dos segundos y se lanzo a su falda.
-Mi amor, tranquilo ya aquí estoy-
Su voz le trajo aquella tranquilidad que te puede traer el cesar de una tormenta mientras sale el sol, le trajo alegría como lo era mirar a las mariposas juguetear a su alrededor y le trajo pena aquella pena irremediable que no pudo contener por no haber estado con él antes.
Su mano acaricio la rubia cabellera de su primogénito
Memoria "Capitulo XI"
Recorde por un momento, por un segundo algo de mi perdida y efímera infancia. Todo era demasiado claro, demasiado real, palpable como si estuviese pasando ahora. Pero no lo era, sentía aun asi el suelo bajo mi espalda mi gata sobre mi vientre y mi bolso haciendo mas comoda la estancia de mi cabeza.
Personas pasaban, vi el rostro de mis padres, de tios, de familiares, de intentos de amigos, recordé como quise ayudar a mucha gente, como me aferre a otras tantas personas y como cada una de esas se iba marchando y alejando de mi lugar por motivos aparentemente mas importantes de lo que yo podría ser, aprendi a vivir solo, a jugar solo, a reir solo, ser yo y el mundo, la tierra, los arboles y los animales, no aferrarme a nada, no sentir mas. Ver las personas acercarse y yo no querer acercarme a ellas, todos eran efímeros, todos prometían cosas, “Estare siempre a tu lado” o ese tipo de cosas, sobre todo mis padres, pero un par de días luego, mágicamente marcharon y dentro de aquel recuerdo no veo que hayan vuelto, quisas es por eso que no recuerdo muchas cosas de mi pasado.
No sabia si era un gusto amargo o dulce lo que había dejado aquella visión, no sabia si me hacia feliz o me hacia falta el contacto humano, solo se que aquello no me dolia, pero había algo en mi interior que no estaba.
La luz que se colaba entremedio de las hojas comenzó a herirme los parpados y ojos, acerque una de mis manos para cubrirlos, llevándose con ella toda fugaz memoria. Me movi lentamente, intentando no despertar a Elliot.
La mañana era hermosa y no tenia muchas ganas de caminar en busca de lo que anduviese buscando, sino tan solo disfrutar de esta espectacular mañana.
La gata sobre mi falda comenzó a reacomodarse ronroneando y con uno que otro maullido entremedio, sus ojos aun no se separaban, debe haber sido larga la siesta. Sonrei. Le mire de nuevo y ahí se encontraban sus gigantes ojos grisaseos centellando frente a mi, acerco su rostro al mio y los juntó, como si me diese un beso de Buenos Dias. La aferre a mi pecho y acaricie su barriga, parecía algo familiar.
Sonrei y me recosté nuevamente, con ella apoyada a mi mejilla derecha; yo, haciéndole cariño en la espalda; ella, rodeando mi cabeza con su rabo.
Cerré los ojos e intente seguir recordando.




