Memoria "Capitulo II"
La sonrisa abundaba por su rostro, como si se la hubiesen zurcido al mismo. Los ojos le brillaban como dos soles antes de su extinción, expectantes. Su cuerpo no caminaba, danzaba, con movimientos tan suaves que todos en la casa lucían preocupados.
Las mujeres por su parte comentaban “¡Esta enamorado!”, felices al ver su rostro tan prendido, los hombres repetían “¡Ha enloquecido!”, al observarlo tan deshabitado de su mismísimo cuerpo. Él mientras tanto, él seguía danzando por la casa, sonriendo a la nada y pegado en las musarañas. De vez en vez un pequeño suspiro se abría paso por sus labios, que le ardían y llevaba sus dedos a ellos, en soñoliento, como en otro mundo. Seguía así, pero una voz le interrumpió, se sobresaltó y giró, un hombre de cuerpo robusto, aquel que era como su propio padre, aquel que siempre había estado como nadie, se encontraba junto a él, con rostro esperanzado.
-Mi Señor- dijo el hombre. El joven al verlo ahí parado, solo sonrió en ademan para que continuara.
-Su maestro a llegado- el viejo se inclino dejando ver su calvicie brillando.
El chiquillo se levanto de un salto de la silla, se llenaron de rojizo sus pómulos y corrió hacia la entrada donde estaría esperando su tan querido maestro y… Ella.
Iba tan apresurado que choco en seco contra el delgado hombre que se encontraba parado de espaldas. Su cuerpo rígido ayudo a que no fuera piso abajo tras ese ataque sorpresivo, se volvió hacia el joven y lo levanto. Éste avergonzado se paró rápido mientras limpiaba sus ropas.
-Mesié Benoit- dijo temeroso. El hombre rio.
-Te he dicho cuantas veces, Claude, que me trates de tú- suspiro mientras con una mano despeinaba al joven -Me haces sentir viejo-
Su sonrisa ilumino toda la habitación, su rostro era angelical, como de niño, extremadamente apacible, como el de su hija, demasiado confiable, quizás. Claude levanto el rostro y sonrió tímidamente, el rosado aun se encontraba jugueteando por sus mejillas, sobre todo después de la gran hazaña hecha.
-Discúlpeme… Casper- dijo mientras lanzaba una mirada furtiva a su acompañante, que lucía un hermoso vestido de algodón blanco, que caía, “Demasiado sencillo” pensó, pero era perfecto para él. Se le arranco una sonrisa, que fue claramente correspondida. Escondió los ojos y los llevo a la biblioteca.
This entry was posted on domingo, noviembre 15, 2009
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