Memoria "Capitulo III"
Caminaba sin rumbo fijo por las calles de París, los años se volvían cortos, me sentía cansado de viajar, París se volvía monótona, por lo que me decidí caminar a los campos, los grandes latifundios, me sentía como en casa.
La tierra de La Ballastière era áspera, un tanto molesta, pero nada no superable. Me entretenía pateando piedras. Escuche un rio cerca.
-Vamos por un baño- dije demasiado contento mientras me veía saltando. –Hace cuantos días que no nos bañábamos Elliot- suspire –algo que de agua nos hacía falta- sonreí de oreja a oreja.
Un maullido se escapo de las profundidades de mi bolso. Pare mi paso e introduje ambas manos para sacar la gata más hermosa que jamás habrán visto, una Bosque de Noruega, atigrada grisácea y con un elegante pecho blanquecino, sus ojos como el plomo con tonalidades de azul y amarillo a su alrededor. Ella me pertenece y yo le pertenezco desde que tengo memoria, que no es hace mucho. Otro maullido se escapo.
-Sí, sí, ya sé, no te gusta el agua- dije con tono irónico y le sonreí cariñoso.
La gata ronroneo ante mi tacto, la mantuve adelante sobre mis brazos. Miraba entretenida por donde pasábamos y muy atenta a los pajarillos que revoloteaban a nuestro alrededor. Comenzó a arañarme por lo que decidí bajarla. La vi correr con mayor prisa que otras veces, se entretenía y eso me tranquilizaba.
Camine tras sus huellas pero un aroma dulce perturbó mis sentidos, ahora era yo el extasiado que como un niño corría en busca del portador de tan exquisito aroma. Tropecé y caí sobre una cuna de flores preciosas, al medio estaba ella vistiendo de blanco.
Elliot me asustó, se encontraba sobre mi espalda maullando bajito. Siguió caminando, rozó mi oreja con sus largos bigotes. A medida que avanzaba su maullido se elevaba, su pelaje se erizaba. La otra por tanto solo danzaba al compás del viento haciéndome una invitación. Pero la gata fue más rápida, la acaricio con su rabo, yo… yo quede parado a solo un paso de ella. Observe cada detalle, cada cabello que la acariciaba, pero ella exploto y en conjunto mis rodillas cedieron, su perfume me rodeo y polen jugueteo con el aire. Mis manos automáticamente al rostro. Lagrimas quisieron humedecer mis ojos. Y una voz femenina revotó en mis sienes.
-Ábrelos- ordeno la voz y yo sin resistirme los abrí.
El campo se encontraba lleno de jazmines, ¡Lleno! Como podía haber pasado aquello. Las lágrimas brotaban sin justicia de mis ojos y Elliot me miraba maravillada, ronroneante. Se me acerco apresurada y salto a mi falda. Se acomodo y se fundió en el sueño. Yo por mi parte miraba esperanzado el cielo, mientras pétalos de jazmines bailaban casi alcanzando las copas de los arboles.
Una pisada me altero la ilusión, posición de ataque, agarre a Elliot cubriéndola.
-¿Quien anda ahí?- grite esperando respuesta.
Y dos botas negras, enlodadas aparecieron frente a mí.
-Discúlpeme, solo iba a la ciudad y al escuchar ruido, pase a mirar. ¿Es usted nuevo por aquí?- dijo una voz rasposa, de ojos azules cristalinos y calvicie brillante.
Deje mi posición, claramente el extraño aquí era yo.
-Si, ando de paso, lamento haber cambiado el rumbo de sus pasos- le dije respetuoso. El viejo se me acerco aun mas, confiado.
-Dígame Viajero, ¿tiene usted donde dormir hoy?- miró hacia el cielo –Una tormenta llegara pronto-
Mire el cielo que brillaba como nunca antes lo había visto brillar, difícilmente llegaría una tormenta, pero en cosas de clima, no estoy muy enterado. Una sonrisa pequeña se me escapó y negué con la cabeza.
-Venga por aquí, no creo que al señor de la casa le moleste- me extendió la mano. La tome y me levante.
This entry was posted on lunes, noviembre 16, 2009
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1 comentarios:
*O*
Andale, sigue, sigue... Quiero saber al fin quien es el viejo y la conexión entre capitulos *O*
¿Siii? Lindo gatito *-*
¡Besitos!
Monyy
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