Memoria "Capitulo VI"
Corría por la casa hacia la biblioteca, sus mejillas sonrosadas por el sofocante calor. La clase había tenido un receso para relajarse. Abrió de par en par las puertas a su santuario y la brillantez de aquellos pómulos y ojos grisáceos al lado de la ventana le encandilaron. Se asustó y se deslumbró, quedando tirado en el piso, boquiabierto mirando aquel ser que llamaría luego Ángel. A ella se le cayó el libro que sostenía entre las manos de la impresión, se quedo mirándole y una sonrisa juguetona alumbró todo su rostro, caminó con movimientos suaves y delicados hasta donde él se encontraba, le tendió la mano para ayudarle a pararse. Él aun no encontraba las fuerzas para volver a respirar hasta que un suspiro absorbió todo el oxigeno que le hacía falta, acercó su mano que tiritaba a la de chica, su piel le quemo profundamente en el pecho. Se levantó quedando a unos cuantos centímetros del rostro ovalado y de porcelana, de la emoción que recorría toda su espina, dio un salto apresurado hacia atrás, logrando una distancia comprensible entre sus dos cuerpos.
-Lo… lo lamento- dijo tartamudeando Claude. Ella solo le dedico una sonrisa. –No sabía que había alguien aquí- los labios del chico se curvaron temerosos.
Ella volteó y recogió el libro que había dejado caer, y colocó sus manos tras la espalda.
-No te preocupes- salió de sus labios pálidos –He sido yo la que ha importunado- giró solo su cabeza para verle, sonrió y le guiñó un ojo, luego se fijó en el radiante sol de afuera –Hace buen tiempo ¿no?-
Claude seguía estupefacto así que solo atinó a asentir con la cabeza y mantener la distancia. La jovencita caminaba lento alrededor de la biblioteca rosando con su dedo níveo todos los libros.
-Tienes una biblioteca grande- musitó.
Claude solo la observaba de lejos manteniendo su lugar, sin saber si acercarse o no.
La jovencita se apoyo en las estanterías, Claude recién se había dado cuenta de que vestía como niño: pantaloncillos, una camisa blanca, suspensores y una boina a juego. Su cabello negro, suelto y largo era lo único que gritaba a voces su verdadero sexo, aparte, claro, de su delicado rostro.
Ella se sonreía coqueta al notar el rostro de su compañero. Le causaba gracia.
-Así que tu eres Claude Bordeux- dijo sin mucha importancia.
El aludido, que comenzaba a calmarse sin bajar mucho la guardia, asintió. Y luego pregunto:
-¿Y tú eres?-
Un andar rápido y pesado se escuchó por el pasillo, ambos jóvenes volvieron su rostro a la puerta donde repentinamente apareció Mesié Benoit, con ambas manos apoyadas en el marco de la puerta, tomo una bocanada de aire, levantó el rostro con ojos fervientes, a Claude se le erizó la espina, creyó que se había retrasado y comenzó a decir:
-¡Maestro! Disculpe…- pero Casper le interrumpió.
-¡Elliot por Dios!- casi gritó dirigiéndose a la joven – ¡Aquí es que estabas!- una de sus manos se dirigió directo a su pecho –Sabes cómo ha sufrido tu pobre padre buscándote por todas partes?- dijo con tono sombrío y triste.
La pequeña le miro con una sonrisa en el rostro omitiendo una risita. Claude en cambio se encontraba desconcertado, no comprendía nada de lo que ocurría.
-¿Hija?- Salió de su boca sin pensarlo, mientras miraba aun a Elliot con millones
de preguntas sin contestar en los ojos.
This entry was posted on jueves, noviembre 19, 2009
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