Memoria "Capitulo IX"
Desperté abruptamente.
-¿Dónde me encuentro?- logre articular.
Todo me dolía. No entendía como había llegad, ni en donde me encontraba. La niebla era espesa, la tierra bajo mis palmas húmeda, el aroma pastoso. Estaba en un bosque.
-¿Cómo llegue aquí?-
Volteé rápidamente al escuchar unos pasos delicados y un maullido acompañándolos. Una gata hermosa se me acercó, tenía un collar, si lo revisé.
“Soy Tuya”
-Elliot
Decía su collarín. La mire extrañado y sus ojos me indagaron, mirándome aun mas expectantes.
-Elliot- susurré.
Ella me maulló y comenzó a hacerme cariño, cerré los ojos intentando así recordar.
-¡Elliot!- grité luego, la había recordado. La tome entre mis brazos temblorosos.
-¿Cómo te he podido olvidar?-
La apreté contra mi pecho y ella siguió ronroneando, su cuerpo me calentaba, hacia frio, la noche era oscura y no sabía qué hacer ni hacia dónde ir. Comencé a observar a los alrededores, divisé no muy lejos un bolso de cuero, debía de ser mío.
Me moví con dificultad hacia el bolso, lo tomé arrastrándolo hacia mí. Adentro no había muchas cosas que me pudieran servir, un par de libros y muchas hojas encuadernadas. Me levante torpemente empezando a caminar hacia cualquier parte con la gatita entre los brazos, comenzó a arañarme por lo que la baje y corrió rápido, la perseguí preocupado ¿Por qué corría? Seguía corriendo.
Los arboles de pronto desaparecían luciendo entre ellos una casona enorme con velas encendidas en variadas habitaciones. Tome un respiro hondo sacando fuerzas de donde no las había para poder pedir alojo o quizás un mapa.
Toque la puerta con precipitación y un hombre robusto de piel oscura y de ojos azules brillantes que resaltaban en su rostro marrón me abrió la puerta, al verme al fin me sonrió.
-¿Qué desea Mesié?- dijo con voz rasposa.
-¿Podría ayudarme?, no sé donde estoy ni que hago aquí- dije con tono temeroso.
El solo asintió y me dejo pasar al vestíbulo, dejo que me sentara donde quisiese y me trajo algo caliente para reconfortar el cuerpo. Me observe unos segundos, tenía todas las ropas sucias con tierra pegada y manchas de todo tipo. Sentí algo de vergüenza por mi presentación, seguramente mi rostro no estaba mucho mejor. Elliot se subió a mi falda y se acurrucó para dormir, lo más probable es que haya estado cuidando de mí el tiempo que me quede inconsciente en ese lugar.
El viejo me observaba complacido, había algo en su rostro que me reflejaba confianza, quizás eran las arrugas alrededor de sus ojos.
-¿Cual es su nombre viajero?-
Me pregunto cómo sabiendo ya la respuesta. En cambio yo no recordaba mi nombre, comencé a revisarme por completo, toque mis bolsillos y saque un trozo de papel arrugado.
“No sé el por qué, pero últimamente todos me llaman Xavier, pero ella me sigue llamando…”
Papel rasgado. Supuse que fui yo quien lo escribió, por lo que mire al viejo a los ojos y le dije:
-Me dicen Xavier, y ¿usted es Mesié?- mi voz sonó algo carrasposa por el frio que había albergado ahí durante mi estadía en el húmedo bosque.
Dos ojos verde agua se asomaron por la puerta, estaban sorprendidos con un par de mechones rubios sobre ellos. Me levante en dos segundos de la silla que me encontraba, esperando la entrada de aquel par de ojos. Tímidos me miraron y esperaron la aprobación de los otros dos azulinos.
Un joven bien vestido, como un adulto, pantalones negros, unas botas del mismo tono y una camisa blanca muy bien planchada, con las mangas arremangadas, no usaba saco por estar dentro de la casa, se notaba aun en su rostro que la infancia no quería alejarse de él, sobre todo en el brillo juguetón de sus pupilas brillantes.
-Xavier, mucho gusto- le dije al tiempo que le estiraba la mano para estrechársela.
El la miró con un tanto de desprecio y duda en sus ojos. Parecía no desearme en ese lugar por la forma en que sus labios se apretaban uno contra el otro, pero sus luces verdes me decían que deseaba más que nada estrechar mi mano, jamás había visto muchacho similar. Se mantuvo quieto a un par de metros de mi hasta que el que supongo era su criado habló.
-Vamos, no seas niñato y saluda al mesié-
El joven volvió su rostro al negro y luego me miro otra vez. Se acerco un paso y tomo mi mano.
-Noah, beaucoup de goût-
Sonreí ampliamente, no sé por qué pero esperaba su consentimiento para poder encontrarme en aquel lugar.
Memoria "Capitulo VIII"
La mujer yacía sobre la cama, él a su lado acariciaba su vientre, haciendo diseños sin explicación, feliz. Mantuvo su mano sobre el vientre de su esposa, se acerco a su frente y la besó. Los ojos grisáceos de ella centellaron y su boca se curvo.
-¿Haz pensado un nombre?- pregunto él.
-¿No crees que es muy temprano todavía?-
-No- respondió rápidamente el aludido.
Ella le miró con extraña felicidad, un par de risas se le escaparon, su rostro estaba inmaculado. Él la observaba con ternura mientras su corazón se desbocaba igual como había pasado cuando se conocieron. Había olvidado respirar, como le ocurría usualmente cuando estaban juntos, por lo que absorbió una gran bocanada de aire, sacando de la templanza en que se encontraba su mujer. Le sostuvo la mirada por unos segundos y rompió el silencio.
-Noah- hizo una pequeña pausa con su dedo índice sobre sus labios, en signo de pregunta –Sí, Noah- miro los ojos verde agua de su marido y le sonrió –Me gusta-.
Él solo se acercó para sellar aquello con un beso, sin tener que hablarle ella comprendía que ese sería el nombre elegido.
El atril descansaba en la otra esquina de la pieza con una tela a medio pintar. El joven se levantó tomando los oleos de la mesa de madera cercana y con delicadeza comenzó a pintar allí la brillantez del rostro de la mujer. Ella se mantenía sonriendo y mirándole maravillada, no comprendía cómo era que él lograba retratar de manera tan perfecta cada cosa que se le venía a la cabeza o que le obsesionaba.
El tiempo transcurría demasiado a prisa y el cansancio en su rostro se mostraba más claro. Miró con desencanto la ventana, donde apenas entraba luz, el invierno había sido duro esta vez y su rostro se marchitaba al recordarlo, necesitaba algo de sol.
-¿Te encuentras bien cariño?- le preguntó al verla con el rostro torcido.
-Si, amor, solo estoy algo desganada con esta vista-
Él se limito a sonreírle y seguirla observando de lejos. Tomo la tela que tenía en el atril y la dejo a un lado, tomando otra tela sin pintar. Trazo pinceladas lentas y algo intranquilas, miraba de reojo a su mujer, que aun estaba con el rostro fijo en la ventana, y las manos sobre su vientre.
Se levanto de la cama arrastrando el camisón blanco largo con ella, se aproximo al pintor apoyando su rostro sobre su lejano hombro.
-¿Qué pintas tan esmerado?- le sonrió débilmente, comenzaba a sentirse mal.
-Solo algo que se me ocurrió- musitó.
Ella se asomo por su espalda y lo vio, el ser más bello que jamás había visto. Rubio ceniza, de ojos verde agua como los de él, la piel blanquísima y delicada de la madre y exactamente sus mismos gestos. Era la perfección hecha niño, era la conjugación exacta entre ellos dos. Su declaración de amor.
Memoria "Capitulo VII"
Tenía el equipaje lista para marchar, solo me faltaba hacerle un pequeño espacio a Elliot para que durmiera en el camino. ¿Dónde iríamos?, otra pregunta sin responder.
Intentaba poner mis ropas lo mas cómodas para mi gatita cuando una mano marrón me tomo la muñeca, mi movimiento fue rápido y deje al extraño en el suelo. Mire para percatarme de haberlo hecho bien y gemí:
-¡Señor!, lo lamento, es que ha entrado usted con demasiado silencio y me ha pillado desprevenido- El viejo solo se levanto algo quejumbroso y rio.
-Tranquilo Viajero- rió otra vez –Esta bien tener esos reflejos- me guiño un ojo –Discúlpeme a mi por haberle importunado, solo venia a pedirle que se quedase esta noche otra vez, hacía tiempo que no teníamos visitas y a veces nos sentimos algo solos- me sonrió quedadamente.
No sabía que responder, por lo que solo asentí. El viejo me sostuvo la mirada unos segundos con sus ojos azulinos, luego la corrió rápidamente al escuchar un par de risitas tras la puerta. Sus pasos se apresuraron hacia el lugar de las voces, abrió la puerta fuerte y dos pequeñas figuras se encontraban ahí.
Les miré asombrado por la belleza que tenían ambos pequeños, pero la voz rasposa del viejo me saco de mi ensueño.
-Noah, Zoé, ¿Qué les he dicho de escuchar tras las puertas?- Solo un par de risitas se escaparon de sus labios.
Eran demasiado pequeños como para comprender las palabras del criado. El chico, que debía de ser Noah, debería de tener unos 10 años, la pequeña Zoé no más de 7. Lo que más me causaba gracia era como estaban ambos vestidos iguales, como niños, ella tenía el pelo recogido en un tomate que se notaba se encontraba bajo la boina, pero sus ojos grisáceos y su delicado rostro dejaba al descubierto total que se trataba de una niña.
Me acerque con total confianza, al percatarme de que sus ojos me escudriñaban más de lo normal. No recordaba estar demasiado relacionado con niños, por lo que simplemente les trate como adultos. Hice una pequeña reverencia que ellos luego copiaron tome la mano de la pequeña y se la besé.
-Mucho gusto, Mademoiselle Zoé, puede llamarme Xavier- le sonreí cálidamente a la pequeña que aun me observaba con demasiado interés en sus ojos. Me volví al joven y le di la mano. -Mesié Noah- él mantuvo la mirada rígida y menos dulce que la muchacha, aun cuando igual me estrecho la mano.
-Mesié Xavier- dijo con un tono rudo, casi cortante. Mi cuerpo se erizó, no sé si por su rechazo, por sus ojos verdes agua demasiados fríos o por la electricidad que irradiaba su palma.
El criado que mantenía una sonrisa fija en su rostro, nos separó diciendo que los chicos tenían deberes que hacer, que su institutriz les esperaba. Yo me despedí con un dejo de melancolía en los ojos. Me quede apoyado en la puerta abierta, mirando hacia la otra esquina, donde se encontraba la ventana, unos cálidos rayos entraban escurridizos.
Decidí ir a caminar al bosque.
Salí por la enorme cocina donde una mujer robusta me sonrió con demasiada confianza, yo solo le hice un gesto de saludo con la mano y seguí con mi camino. Los arboles se encontraban bordeando el parcelado, me adentre de a poco, sin esperar compañía, pero ahí ya estaba ella, sobre una manta blanca. Pisé una rama sin querer y sus ojos se abrieron mirándome extrañada, quizás algo en mi rostro no estaba bien, me lo palpe con las manos, lloraba. Ella se me acercó ronroneando y me seco del rostro las lágrimas con un maullido ínfimo. Me levante con ella en los brazos y tome aquel trozo de tela blanco, para mi sorpresa un jazmín yacía bajo él, y un pequeño papel se escapaba de la tela. Acaricie la flor poniéndola otra vez de pie, el viento sopló y ella bailo maravillada, me quede ahí quieto. Tome el papel húmedo y lo leí en voz baja para que solo Elliot lo escuchara:
“Si no me puedes mantener a mi, amor, mantén el olor de aquel jazmín que hizo todo por nosotros, y cada vez que lo escuches, lo sientas y lo huelas, una lagrima rodara tu mejilla... una lagrima de estas, una de las mías”
Tuya
No salía el nombre del personaje que la escribió, el papel se encontraba rajado. Elliot acaricio el papel como si ya lo conociese y luego me acaricio a mí. Le sonreí y me tendí sobre la tierra fresca.
Memoria "Capitulo VI"
Corría por la casa hacia la biblioteca, sus mejillas sonrosadas por el sofocante calor. La clase había tenido un receso para relajarse. Abrió de par en par las puertas a su santuario y la brillantez de aquellos pómulos y ojos grisáceos al lado de la ventana le encandilaron. Se asustó y se deslumbró, quedando tirado en el piso, boquiabierto mirando aquel ser que llamaría luego Ángel. A ella se le cayó el libro que sostenía entre las manos de la impresión, se quedo mirándole y una sonrisa juguetona alumbró todo su rostro, caminó con movimientos suaves y delicados hasta donde él se encontraba, le tendió la mano para ayudarle a pararse. Él aun no encontraba las fuerzas para volver a respirar hasta que un suspiro absorbió todo el oxigeno que le hacía falta, acercó su mano que tiritaba a la de chica, su piel le quemo profundamente en el pecho. Se levantó quedando a unos cuantos centímetros del rostro ovalado y de porcelana, de la emoción que recorría toda su espina, dio un salto apresurado hacia atrás, logrando una distancia comprensible entre sus dos cuerpos.
-Lo… lo lamento- dijo tartamudeando Claude. Ella solo le dedico una sonrisa. –No sabía que había alguien aquí- los labios del chico se curvaron temerosos.
Ella volteó y recogió el libro que había dejado caer, y colocó sus manos tras la espalda.
-No te preocupes- salió de sus labios pálidos –He sido yo la que ha importunado- giró solo su cabeza para verle, sonrió y le guiñó un ojo, luego se fijó en el radiante sol de afuera –Hace buen tiempo ¿no?-
Claude seguía estupefacto así que solo atinó a asentir con la cabeza y mantener la distancia. La jovencita caminaba lento alrededor de la biblioteca rosando con su dedo níveo todos los libros.
-Tienes una biblioteca grande- musitó.
Claude solo la observaba de lejos manteniendo su lugar, sin saber si acercarse o no.
La jovencita se apoyo en las estanterías, Claude recién se había dado cuenta de que vestía como niño: pantaloncillos, una camisa blanca, suspensores y una boina a juego. Su cabello negro, suelto y largo era lo único que gritaba a voces su verdadero sexo, aparte, claro, de su delicado rostro.
Ella se sonreía coqueta al notar el rostro de su compañero. Le causaba gracia.
-Así que tu eres Claude Bordeux- dijo sin mucha importancia.
El aludido, que comenzaba a calmarse sin bajar mucho la guardia, asintió. Y luego pregunto:
-¿Y tú eres?-
Un andar rápido y pesado se escuchó por el pasillo, ambos jóvenes volvieron su rostro a la puerta donde repentinamente apareció Mesié Benoit, con ambas manos apoyadas en el marco de la puerta, tomo una bocanada de aire, levantó el rostro con ojos fervientes, a Claude se le erizó la espina, creyó que se había retrasado y comenzó a decir:
-¡Maestro! Disculpe…- pero Casper le interrumpió.
-¡Elliot por Dios!- casi gritó dirigiéndose a la joven – ¡Aquí es que estabas!- una de sus manos se dirigió directo a su pecho –Sabes cómo ha sufrido tu pobre padre buscándote por todas partes?- dijo con tono sombrío y triste.
La pequeña le miro con una sonrisa en el rostro omitiendo una risita. Claude en cambio se encontraba desconcertado, no comprendía nada de lo que ocurría.
-¿Hija?- Salió de su boca sin pensarlo, mientras miraba aun a Elliot con millones
de preguntas sin contestar en los ojos.
Memoria "Capitulo V"
Desperté en medio de la noche tras un sueño extraño: Una mujer con los mismos ojos de Elliot, la sostenía entre los brazos, parecían entenderse. Pero eso no fue lo que más me impactó, el hecho de cómo su belleza me turbaba más que otra, me enloquecía y su rostro, su rostro algo en mi interior revolvía al pensar nuevamente en él.
Me levante sudoroso necesitaba asearme un poco. Elliot dormía plácidamente entre dos libros abiertos.
Un suave tamborileo interrumpió mis acciones, me apoye en la ventana para verlas caer, llovía.
-Si que ha tenido razón este hombre- musité al percatarme del cielo totalmente encapotado.
Inhale el fuerte olor a tierra húmeda, a campo y decidí que era momento de salir a recorrer.
Investigue rincón tras rincón de la gran casona, algo en ella removía mis perdidas memorias: “Me encontraba en un pasillo con un balón lo golpeé y me llevo a una habitación a tres metros de donde me encontraba”. Al volver en mi estaba en la biblioteca
.
-Igual que lo que acabo de ver- dije en voz baja, asombrado.
Me entretuve leyendo los títulos y autores de los libros, deben haber pasado horas ya que una tímida luz se abría paso por las nubes. Sonreí, sería un espectacular día nublado, escapar del sol de vez en cuando hacia bien. Seguía dando vuelta por la biblioteca y un libro me llamo la atención Orgullo y Prejuicio de Austen, por más que pensaba no entraba en mi cabeza el por qué aquel libro me llamo la atención, no recordaba haberlo leído y jamás me había interesado demasiado, lo tome y al abrirlo un pergamino doblado se escapo de él. Lo abrí, era un dibujo de una muchacha, que tenía un parecido notable a la mujer de mi sueño. Y un escrito salía al lado:
“Hay historias de nunca acabar... y la memoria es a veces, aquella que te ayuda a perder, perder gran parte de ti... por eso con carbón o pincel en los dedos, es mi forma de retratarlos”
Tuyo
-Claude
Me quede estupefacto, mis piernas tiritaban. Me desplome en el suelo. Sentí una vibración y calor a mi lado que se me acercaba y me acariciaba.
-Elliot- dije con voz quebrada, ella respondió con un maullido cálido, me acaricio el rostro con su costado y se acurruco en mi hombro.
La luz tenue comenzó a iluminar toda la habitación, se encontraba llena de polvo y sin ningún libro fuera de lugar, además del que saqué, como si nadie hubiese entrado hace años. Permanecí sentado en el suelo con el torso en un estante. La mirada se me quedo pegada en el atril algo escondido con una pintura a la mitad.
Memoria "Capitulo IV"
La mañana entraba vigorosa por la ventana, iluminando todo a su paso. Claude aun dormía, enredado en las sabanas. El verano esta vez era más caluroso, los ropajes de cama descansaban en el suelo.
Toc, toc. La puerta sonó. Un chirrido hizo al abrirla, la piel oscura de su inseparable criado insultaba la brillantez de la habitación.
-Mi Señor- se quedo parado al lado de la puerta esperando gesto alguno del joven.
Claude abrió los ojos lentamente, siendo herido por la luz, su mano se dirigió sola a taparlos.
-Dominique- dijo con pesadumbre.
-Dígame Mi Señor-
-Es muy temprano ¿no?-
Dominique se acerco a la ventana mirando hacia el cielo.
-Deben de ser alrededor de las 9 de la mañana Señor-le respondió con voz apaciguada.
Un suspiro se escapo de los labios jóvenes. Se movió con suavidad y pesadez, como si cada musculo de su cuerpo fuera hecho de plomo. Ya sentado en la cama su criado se le acerco.
-Señor, recuerde que hoy vienen los postulantes a maestro- le ayudo a sacarse el largo camisón –Debe saber que llegaran a lo largo de la hora-
-¿Por qué hoy?- bufó mientras se acercaba al lavabo, para asearse.
-Porque así lo ha decidido su padre, hoy es su cumpleaños número 16, cuando su padre y madre marcharon y me dejaron a cargo suyo, me pidieron explícitamente que para su cumpleaños usted tuviese un tutor- Claude se encogió de hombros y comenzó a ponerse su vestido de fiesta.
-¿Está bien que vista así?- pregunto todavía desganado.
-Vista como quiera, es el señor de esta casa- sonrió Dominique y desordenó los cabellos del chico.
Vestía con una elegante camisa blanca que tenía un chaleco rígido sobre ella, sus pantalones negros, los que había esperado tanto tiempo por estrenar, tiro sus pantaloncillos lejos. Se abotono su chaqueta también negra, con botones de plata. Parecía un príncipe más que un joven de 16 años, dueño de una hacienda.
Bajo a saltos la gran escalera de la mansión, directo a la cocina, su estomago le pedía a gritos algo de comer. Las cocineras se sorprendieron al verlo tan temprano en pie y le sonrieron.
-De inmediato le tendré su desayuno, señor- le dijo la más gorda de todas, parecía ser la “dueña” de la cocina.
El joven sonrió cálidamente y al verse sin nada que hacer salió corriendo por la puerta que daba de la cocina al patio. Tras él, como siempre, Dominique corría gritando:
-Por favor, tenga cuidado y no se vaya a ensuciar-
Claude se giraba de vez en vez, para ver que tan cerca se encontraba su criado. Y seguía corriendo, más y más rápido, adentrándose en los bosques cercanos a su casa. Una campana sonó, y en seco paró sus pies.
-Al fin- grito fuerte y corrió en dirección contraria, volviendo a la casa.
Paso por al lado de Dominique que casi ni respiraba ni corría, demasiado viejo, demasiado robusto. Alzó su mano, como si eso impidiera que el joven con tantas energías parase de correr.
Memoria "Capitulo III"
Caminaba sin rumbo fijo por las calles de París, los años se volvían cortos, me sentía cansado de viajar, París se volvía monótona, por lo que me decidí caminar a los campos, los grandes latifundios, me sentía como en casa.
La tierra de La Ballastière era áspera, un tanto molesta, pero nada no superable. Me entretenía pateando piedras. Escuche un rio cerca.
-Vamos por un baño- dije demasiado contento mientras me veía saltando. –Hace cuantos días que no nos bañábamos Elliot- suspire –algo que de agua nos hacía falta- sonreí de oreja a oreja.
Un maullido se escapo de las profundidades de mi bolso. Pare mi paso e introduje ambas manos para sacar la gata más hermosa que jamás habrán visto, una Bosque de Noruega, atigrada grisácea y con un elegante pecho blanquecino, sus ojos como el plomo con tonalidades de azul y amarillo a su alrededor. Ella me pertenece y yo le pertenezco desde que tengo memoria, que no es hace mucho. Otro maullido se escapo.
-Sí, sí, ya sé, no te gusta el agua- dije con tono irónico y le sonreí cariñoso.
La gata ronroneo ante mi tacto, la mantuve adelante sobre mis brazos. Miraba entretenida por donde pasábamos y muy atenta a los pajarillos que revoloteaban a nuestro alrededor. Comenzó a arañarme por lo que decidí bajarla. La vi correr con mayor prisa que otras veces, se entretenía y eso me tranquilizaba.
Camine tras sus huellas pero un aroma dulce perturbó mis sentidos, ahora era yo el extasiado que como un niño corría en busca del portador de tan exquisito aroma. Tropecé y caí sobre una cuna de flores preciosas, al medio estaba ella vistiendo de blanco.
Elliot me asustó, se encontraba sobre mi espalda maullando bajito. Siguió caminando, rozó mi oreja con sus largos bigotes. A medida que avanzaba su maullido se elevaba, su pelaje se erizaba. La otra por tanto solo danzaba al compás del viento haciéndome una invitación. Pero la gata fue más rápida, la acaricio con su rabo, yo… yo quede parado a solo un paso de ella. Observe cada detalle, cada cabello que la acariciaba, pero ella exploto y en conjunto mis rodillas cedieron, su perfume me rodeo y polen jugueteo con el aire. Mis manos automáticamente al rostro. Lagrimas quisieron humedecer mis ojos. Y una voz femenina revotó en mis sienes.
-Ábrelos- ordeno la voz y yo sin resistirme los abrí.
El campo se encontraba lleno de jazmines, ¡Lleno! Como podía haber pasado aquello. Las lágrimas brotaban sin justicia de mis ojos y Elliot me miraba maravillada, ronroneante. Se me acerco apresurada y salto a mi falda. Se acomodo y se fundió en el sueño. Yo por mi parte miraba esperanzado el cielo, mientras pétalos de jazmines bailaban casi alcanzando las copas de los arboles.
Una pisada me altero la ilusión, posición de ataque, agarre a Elliot cubriéndola.
-¿Quien anda ahí?- grite esperando respuesta.
Y dos botas negras, enlodadas aparecieron frente a mí.
-Discúlpeme, solo iba a la ciudad y al escuchar ruido, pase a mirar. ¿Es usted nuevo por aquí?- dijo una voz rasposa, de ojos azules cristalinos y calvicie brillante.
Deje mi posición, claramente el extraño aquí era yo.
-Si, ando de paso, lamento haber cambiado el rumbo de sus pasos- le dije respetuoso. El viejo se me acerco aun mas, confiado.
-Dígame Viajero, ¿tiene usted donde dormir hoy?- miró hacia el cielo –Una tormenta llegara pronto-
Mire el cielo que brillaba como nunca antes lo había visto brillar, difícilmente llegaría una tormenta, pero en cosas de clima, no estoy muy enterado. Una sonrisa pequeña se me escapó y negué con la cabeza.
-Venga por aquí, no creo que al señor de la casa le moleste- me extendió la mano. La tome y me levante.
Memoria "Capitulo II"
La sonrisa abundaba por su rostro, como si se la hubiesen zurcido al mismo. Los ojos le brillaban como dos soles antes de su extinción, expectantes. Su cuerpo no caminaba, danzaba, con movimientos tan suaves que todos en la casa lucían preocupados.
Las mujeres por su parte comentaban “¡Esta enamorado!”, felices al ver su rostro tan prendido, los hombres repetían “¡Ha enloquecido!”, al observarlo tan deshabitado de su mismísimo cuerpo. Él mientras tanto, él seguía danzando por la casa, sonriendo a la nada y pegado en las musarañas. De vez en vez un pequeño suspiro se abría paso por sus labios, que le ardían y llevaba sus dedos a ellos, en soñoliento, como en otro mundo. Seguía así, pero una voz le interrumpió, se sobresaltó y giró, un hombre de cuerpo robusto, aquel que era como su propio padre, aquel que siempre había estado como nadie, se encontraba junto a él, con rostro esperanzado.
-Mi Señor- dijo el hombre. El joven al verlo ahí parado, solo sonrió en ademan para que continuara.
-Su maestro a llegado- el viejo se inclino dejando ver su calvicie brillando.
El chiquillo se levanto de un salto de la silla, se llenaron de rojizo sus pómulos y corrió hacia la entrada donde estaría esperando su tan querido maestro y… Ella.
Iba tan apresurado que choco en seco contra el delgado hombre que se encontraba parado de espaldas. Su cuerpo rígido ayudo a que no fuera piso abajo tras ese ataque sorpresivo, se volvió hacia el joven y lo levanto. Éste avergonzado se paró rápido mientras limpiaba sus ropas.
-Mesié Benoit- dijo temeroso. El hombre rio.
-Te he dicho cuantas veces, Claude, que me trates de tú- suspiro mientras con una mano despeinaba al joven -Me haces sentir viejo-
Su sonrisa ilumino toda la habitación, su rostro era angelical, como de niño, extremadamente apacible, como el de su hija, demasiado confiable, quizás. Claude levanto el rostro y sonrió tímidamente, el rosado aun se encontraba jugueteando por sus mejillas, sobre todo después de la gran hazaña hecha.
-Discúlpeme… Casper- dijo mientras lanzaba una mirada furtiva a su acompañante, que lucía un hermoso vestido de algodón blanco, que caía, “Demasiado sencillo” pensó, pero era perfecto para él. Se le arranco una sonrisa, que fue claramente correspondida. Escondió los ojos y los llevo a la biblioteca.
Memoria "Capitulo I"
“-¿Que tan caprichoso puede ser un corazón?- Le pregunto mientras miraba las pelusas volar alrededor de la cegante luz.
-No lo sé, pero sé que el mío puede aun mas- Le sonrió pícaro y deslizo suave, casi impalpable el dedo por su hombro.
Ella cerró los ojos, se dejo llevar. El tacto era imperceptible. Ahora, extraño. Abrió los ojos un tanto atemorizada, pero luego una sonrisa le ilumino el rostro.
-Una flor- musito complacida.
El no aparto sus ojos de la flor que sostenía en sus manos tan cerca de su piel, continuo jugueteando y dijo:
-Es la extensión de mi piel la que te toca, no mi piel misma, pues con ella mancharía y marchitaría tu seda pura y blanquecina-
Aun no quitaba los ojos de la pequeña flor, haciéndola rodar hacia arriba, perforando el rostro de su interlocutora, que permanecía con los parpados caídos.”
-Momento más perfecto no me puedo imaginar… quizás mejores momentos y placeres tuvieron otros amores incipientes como este en otras épocas... quizás en el renacimiento, quizás en el romanticismo, pero créeme viajero, que jamás había visto dos jóvenes más felices y más ingenuos.-
“La flor se aventuro, leyó los pensamientos de aquellos a los que conectaba y rozó el suave y cálido labio de la joven. Su boca se entreabrió, su respiro se entrecorto. El amante furtivo se movió felinamente, quedando a centímetros de ella. Una melodía exquisita podía escucharse en el aire, el danzar de dos corazones desesperados. Ninguno se movió, mas las respiraciones de ambos se aceleraban cada segundo más y más. Pero el silencio lo absorbió y lo aturdió, su lengua quiso salir a jugar, fue más fuerte, él la encerró, frunció el ceño y murmuro:
-Je suis folle par tes lèvres-
Ella desconcertada, abrió los ojos y como platos se clavaron en los de él, deseando ahora sin remordimiento.”
-Créame viajero, hasta las flores en ese lugar sintieron amor- el viajero observo al viejo contrariado “que historia más absurda y más infantil” pensó, mas aun no dijo palabra alguna y marcho. Pétalos de jazmines volaron atreves de él, voltio abruptamente e increpo al viejo:
– ¿Cual era la flor?- su cuerpo se agito, el viejo mantuvo el rostro bajo pero su sonrisa se ensancho.
-¿Aun no lo recuerda?, jazmines mi señor-.
Oh my C aroline
Curiosa canción, me gusta demasiado ^^.
Where it began, I can't begin to know when
But then I know it's growing strong
Oh, wasn't the spring, whooo
And spring became the summer
Who'd believe you'd come along
Hands, touching hands, reaching out
Touching me, touching you
Oh, sweet Caroline
Good times never seem so good
I've been inclined to believe it never would
And now I, I look at the night, whooo
And it don't seem so lonely
We fill it up with only two, oh
And when I hurt
Hurting runs off my shoulder
How can I hurt when holding you
Oh, one, touching one, reaching out
Touching me, touching you
Oh, sweet Caroline
Good times never seem so good
Oh I've been inclined to believe it never would
Ohhh, sweet Caroline, good times never seem so good
[Ohh... my sweet Caroline... u gave to my heart... hope]
[Neil]
Amor de alma Marchita

Amor de alma marchita, de besos fugaces y extintos, de calderas ardientes y caricias anhelantes. ¿Que hacer? ¿Que hacer?... si todo ocurre tan rapido, pareciese que fuera un mero espectador de mi tan variante vida. ¿Que hacer? ¿Que hacer?... si solo quiero sonreir, y verle sonreir. Ya no se que hacer. Mi mano quema y la garganta tiembla, los ojos llorosos hablan tantas cosas a la vez, pero no puedo, no puedo, y no se que hacer... ¿Que hacer? dime como arreglo mi pensamiento absorto de tu indocumentada belleza y estupidez, de tu mente comunista y tu inexplicable conviccion. Dime como dejo acaso de divagar en ti y en tus palabras cuando entra el insaciable sol por mi ventana. Dime que hacer para olvidar, esta bendita memoria que no falla, si cada roce y cada mirada las revivo otra y otra noche en mis sueños, llevandome a volar a lunas lejanas.
Dime... ¿Que hacer?... si ni yo misma puedo deshacer esos hilos.
Fuiste mas que eso, fuiste mas que todo, diste brillo a mi marchito corazon, diste esperanza a mis pomulos caidos, a mis ojos cristalinos y a mi piel surcada con mas cicatrices que sangre en el cuerpo.
Fue eterno y fue veloz, ¡Quise odiarte, creeme!, lo quise, pero no funciono... como otras tantas intenciones que tuve pero no supe llevar a cabo.
Te fuiste, te marchaste, igual que muchas otras veces, me dejaste... Lograste en un segundo lo que otros no pudieron... florecer y marchitar aquella vieja flor.
[Ves la flor de alla?... dicen que se llamaba Mariah]
[Jardinero...]
Ocho copas y un mostacho

Ocho copas de vino y sigo aqui sentado, un vaso de whisky lejos me distrae, moviendo inconciente sus hielos sobre el. Las luces estan bajas y yo sigo aqui, quizas que hora es, no voy a preguntar, no me quiero ir. Levanto la mano -Otra mas por favor- le guiño a la mesera, me sonrie distraida, casi sin gracia, pero solo una sonrisa basta para llenar mi mundo por un momento. Me agarro de la mesa, necesito orinar, mi baston cae al suelo, ¡Que suerte! caminaba una jovencita y me lo recogio Me acaricio el vigote y camino con torpeza hacia la puerta que dice: "Toilet". Abri la puerta, colgue mi baston en el lavamanos, me mire al espejo, -¡Oh vamos!, ¡Que rapido pasa el tiempo!- pase mis yemas sobre mi rostro ya trizado, acaricie lenta y suavemente la cicatriz en mi ojo, sobre mi parpado, sobre mi ojera, igual como lo hacia todas las noches. -Basura- patie el baston, se cayo al suelo, voltie desabotone mi pantalon y me puse a orinar, hoy dolia mas que antes, mas que ayer, mas que hace unos años y sobre todo mas que hace unas horas. No solia mirar como salia, pero ahora lo hice, -¡¿Roja?!-, me apoye en la muralla al frente, "Se que me quieres matar", sonrei de mediolado, me acerque al lavamanos y las refregue bajo el agua. Me mire al espejo una vez mas, me sonrei intentando parecer mas joven, no funciono, mi rostro se torcio otra vez. Recorde mi baston, suspire, tome mi cintura con una mano y con la otra buscaba torpemente llegar al viejo trozo de madera, casi lo alcanzaba. Las voces tras esa puerta tronaban mis oidos, el calor se agolpaba en mis sienes y la vena de la frente se abria camino entre las surcadas arrugas. Lo roce con el dedo indice -Vamos, solo dos centimetros... mas-, una gota de surdor embargaba mis gestos, los ojos se me tensaron, los pomulos se quebraron sobre la boca, el pecho me explota!. La mano automatica al corazon, presiona, presIoNa, PRESIONA!, mi cadera chillo al roce de la baldoza sucia y fria. Mis lentes volaron... esparciendo nieve por todos lados. El me amenzaba, me miraba a los ojos y sabia que queria lanzar esa vala. Mis piernas se recogieron, el gatillo estaba listo, el seguro alzado. Tenia que ser ahi. Siempre ha sido ahi... DONDE MUEREN LOS VALIENTES.
[Dame un baston... ahi podemos caminar los dos]
[Tick... Tock]
Im wondering...

Hoy mientras veia una serie, la paraba cada cierto tiempo, abriendo msn, buscando con quien conversar... y me di cuenta de algo... las dos personas con las que siempre hablo [claro obviando a mi novio] no se encontraban y de entre todas esas personas que estaban conectadas, no vi alguien con quien compartir mis estupideces y secretos... Lo admito... me senti sola, por primera vez en mi vida, senti la soledad fria como la hiel, jamas me habia afectado, en efecto siempre me habia gustado la soledad, era confortable, comoda, pensativa y tan.. tan exquisita que solo queria que sucediera otra vez, pero hoy... hoy algo cambio, ha sido tanto el tiempo que he tenido ha alguien para mi, que me he acostumbrado, y esto no me gusta, osea me gusta tener a esa persona, pero me molesta ya no poder disfrutar de la soledad como lo hacia antes, de que aquello de tener pocos amigos no me afectara, hoy no se que me pasa... necesidad por socializar?, jamas habia sentido eso... ¿Que hacer? es la pregunta que da vuelta por mis torturadas sienes... y solo me reconforta el hecho de que mañana saldre y de que aun tengo mis series para refugiarme.
[El camino se vuelve cada vez mas angosto]
[Lonely Catt]
Its perfect

Haz sentido ese cosquilleo subir por tus pies cuando lo piensas?... its complicated, demasiado diria yo... pero es, simplemente lo es, y no puedes hacer nada al respecto, mas que pedir que dure poco.
Es solo perfecto!, y te hace sentir todo nuevo, pero sigues rogando que dure solo un momento.
Yeah Yeah Yeah x4
I love you
but I gotta stay true
my morals got me on my knees
I'm begging please stop playing games
I don't know what this is
but you got me good
just like you knew you would
I don't know what you do
but you do it well
I'm under your spell
[Chorus]
You got me begging you for mercy
why won't you release me
you got me begging you for mercy
why won't you release me
I said release me
Now you think that I
will be something on the side
but you got to understand
that I need a man
who can take my hand yes I do
I don't know what this is
but you got me good
just like you knew you would
I don't know what you do
but you do it well
I'm under your spell
You got me begging you for mercy
why won't you release me
you got me begging you for mercy
why wont you release me
I said you'd better release yeah yeah yeah
I'm begging you for mercy
yes why won't you release me
I'm begging you for mercy
you got me begging
you got me begging
you got me begging
Mercy, why won't you release me
I'm begging you for mercy
why won't you release me
you got me begging you for mercy
I'm begging you for mercy
I'm begging you for mercy
I'm begging you for mercy
I'm begging you for mercy
Why won't you release me yeah yeah
break it down
[Im just beggin u for mercy...]
[Solo me tropece al caminar]
Salgamos...
Quiero salir a caminar contigo- te dije y te tendí la mano.
Sonreiste y tomaste mi mano.
Quiero caminar contigo, por todas partes, saltar al ver un pájaro volar. Correr por la grava, tirarme de espaldas sobre una plaza y mirar los dibujos que hacen las nubes, mientras el tiempo pasa… junto a ti.
Sentir tu mano segura aferrarse a la mia, observar tus ojos chispeantes de alegría, de niñez y misterio que solo quieres que yo investigue. Escuchar tu corazón bajo mi oído… con mi rostro inmerso en tu pecho, y mi boca pegada a tus bronquios… proviniéndote de aire para respirar.
Dejar mi pelo juguetear sobre tu cuello, mis yemas trazar diseños sin forma por tu abdomen y solo sentir tu respiración a mi lado… me hace feliz. Quizas dormir, quizás no… solo necesito tu calor para ser feliz.
[Y fue asi que la luna necesito al sol...
y el sol amo la forma en que reflejaba la luna su luz]
[Litle Sun]
¿Cómo...?

Pero derrepente el sol asoma una de sus tantas extremidades, dandome algo de luz sobre el rostro, me encandilo. Camino a trompicones, y te siento otra vez, el calor sube por mis pies, es tu respiracion la que percivo tan cerca, se que son tus ojos los que me escrudiñan, se que es tu mano la que quiere palparme para ver si es verdad que estoy viva... Y la esperanza recorre mi cuerpo buscando por donde entrar, yo aun paralisada, analizo si moverme o simplemente dejarme caer, pero tu cuerpo fue mas rapido, me abrazaste sin pensar, sin siquiera detenerte en las consecuencias, sin detenerte en las heridas que se proclamaban dueñas de toda mi piel, solo me abrazaste... yo me encadene a tu cintura, hundi mi rostro en tu pecho y me puse a llorar... no recordaban cuan quemante podia ser tu tacto, no recordaba cuan mariante era tu aroma... y ahora te tenia ahi, con todo arremolinandose en mi cerebro.
Acariciaste mi rostro y quisiste llevarme a muchas partes, saltaste y giraste conmigo sobre tus brazos, solo podia sonreir mientras cerraba mis ojos y dejaba que el sol nos bañara con su grandeza... al abrirlos al fin lograba verte, tu rostro perfecto, brillante, ansioso, alegre... eras tu... por fin... eras tu y estabas ahi para mi...
-Te amo- pude articular mientras me perdia en tus ojos, tu solo sonreiste y me apricionaste dentro de tu pecho... sobre el latido que amenazaba con aniquilarme.
¿Qué...
¿Qué puedes hacer, cuándo ya no sabes qué hacer?... ¿cuándo ya no tienes ganas?, ¿cuándo ya dejaste la pelea a la mitad y te diste por vencido?, ¿qué hacer cuando miras el cielo y ya no ves el sol? ¿Qué hacer cuando las piernas te tiemblan y buscas en que sostenerte, pero no hay nada? Y piensas que has gastado tu tiempo haciendo lo que hacías… y pierdes las esperanzas de a poco, dejándote llevar por el viento que te lanza rápido por ese acantilado… y caes y caes y sigues cayendo… no te agarras de nada, porque… que mas da… total ya no hay nada más que hacer. La esperanza parece solo un chiste… y ya en verdad no se qué hacer… Creo que salir a dar un par de pasos me parece lo mejor, caminar por la arena marchita por el día nublado… caminar por las rocas entumecidas por el mar helado… caminar y caminar, no dejar de hacerlo y llegar a cualquier parte… no se a donde quiero llegar… da lo mismo porque no espero que nadie me espere…
Song: Sorry seems to be the hardest word
[In the town of nobodies...]
[Nobody]




