Los días en la biblioteca se hacían cada vez más cortos para Claude cuando Elliot se encontraba alrededor, mesié Benoit por lo general no evitaba la obvia atracción entre los chicos, gustaba de observarlos como se sonreían.
Se encontraban los tres situados en distintas partes de la habitación, la pequeña apoyada sobre la ventana con un libro entre las manos, el viejo sentado al principio para tener control de cualquier situación, con un pergamino y una pluma. Y por último, el joven sentado en el suelo al otro extremo con un par de hojas blancas y carboncillo en sus dedos.

-¿Sigues leyendo la novela de Austen?- pregunto con fingido aburrimiento Claude. Ella le asintió.

-¿Cuántas veces van ya?- preguntó apoyando su rostro en su palma. Ella sacó su rostro del libro y lo miró.

-¿Es que acaso te molesta?- le preguntó con una sonrisa juguetona en los labios.

Él se limitó a apretar sus labios y desviar la mirada, con un rubor profundo sobre todo su rostro. Casper hacia como que no los miraba, pero a través de sus anteojos mantenía la mirada fija sobre su única hija.
Elliot miró a su padre y le pidió le trajese un vaso con agua. Éste asintió y salió de la habitación, ya estando los dos solos ella se acercó al rostro aun amurrado de su amigo. Tomó de su mano y lo jaló a la ventana, él la observaba extrañado y sus pies se movían casi que por desprecio al suelo, solo quería estar cerca de ella. La jovencita se salió por la ventana. Claude quedó estupefacto, no se movió, estaba asustado, se encontraban en un segundo piso, ¿cómo había sido ella capaz de hacer tal estupidez?, la pensaba más sensata. Pero de repente un par de mechones oscuros se aparecieron tras la ventana, con dos ojos confusos.

-¿Qué haces ahí Claude? Vente rápido antes de que llegue mi padre- dijo apresurada estirándole su mano para que la tomase.

Automáticamente al verla ahí se acercó e hizo todo lo que en su momento le dijo que hiciese. Estaban a una altura considerable del suelo. Ella solo lo miró y desapareció en el final del techo. Él ahora estaba helado, no sabía si correr, gritar o seguirla. La curiosidad pudo más y se asomó a ver si ella se encontraba bien, tenía un nudo en la garganta, pero lo que vio lo calmo completamente, Elliot se encontraba abajo haciéndole señas para que bajara también. Se dio un impulso y se tiro edificio abajo. El aire revoloteaba en sus cabellos rubios, se sintió completamente libre, mejor aun que cuando corría por el bosque.


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