“-¿Que tan caprichoso puede ser un corazón?- Le pregunto mientras miraba las pelusas volar alrededor de la cegante luz.

-No lo sé, pero sé que el mío puede aun mas- Le sonrió pícaro y deslizo suave, casi impalpable el dedo por su hombro.

Ella cerró los ojos, se dejo llevar. El tacto era imperceptible. Ahora, extraño. Abrió los ojos un tanto atemorizada, pero luego una sonrisa le ilumino el rostro.

-Una flor- musito complacida.

El no aparto sus ojos de la flor que sostenía en sus manos tan cerca de su piel, continuo jugueteando y dijo:
-Es la extensión de mi piel la que te toca, no mi piel misma, pues con ella mancharía y marchitaría tu seda pura y blanquecina-

Aun no quitaba los ojos de la pequeña flor, haciéndola rodar hacia arriba, perforando el rostro de su interlocutora, que permanecía con los parpados caídos.”


-Momento más perfecto no me puedo imaginar… quizás mejores momentos y placeres tuvieron otros amores incipientes como este en otras épocas... quizás en el renacimiento, quizás en el romanticismo, pero créeme viajero, que jamás había visto dos jóvenes más felices y más ingenuos.-


“La flor se aventuro, leyó los pensamientos de aquellos a los que conectaba y rozó el suave y cálido labio de la joven. Su boca se entreabrió, su respiro se entrecorto. El amante furtivo se movió felinamente, quedando a centímetros de ella. Una melodía exquisita podía escucharse en el aire, el danzar de dos corazones desesperados. Ninguno se movió, mas las respiraciones de ambos se aceleraban cada segundo más y más. Pero el silencio lo absorbió y lo aturdió, su lengua quiso salir a jugar, fue más fuerte, él la encerró, frunció el ceño y murmuro:
-Je suis folle par tes lèvres-

Ella desconcertada, abrió los ojos y como platos se clavaron en los de él, deseando ahora sin remordimiento.”


-Créame viajero, hasta las flores en ese lugar sintieron amor- el viajero observo al viejo contrariado “que historia más absurda y más infantil” pensó, mas aun no dijo palabra alguna y marcho. Pétalos de jazmines volaron atreves de él, voltio abruptamente e increpo al viejo:

– ¿Cual era la flor?- su cuerpo se agito, el viejo mantuvo el rostro bajo pero su sonrisa se ensancho.

-¿Aun no lo recuerda?, jazmines mi señor-.

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