La carta estaba sobre el mesón, la dejaste ahí luego de leérmela en voz alta, yo no hice gesto alguno, mas quizás de una lagrima juguetona queriendo arrancarse de mi lagrimal. Te marchaste y sentí como la garganta se me cerraba, sin dar paso al aire, mi propia respiración me sofocaba y el calor se apoderaba de mi cuerpo. Tome un tren en dirección a Andrómeda esperando… esperando… no se que estaba esperando… pero me fui, con tu carta entre las manos, dudando si leerla de nuevo, el corazón me saltaba dentro y la vez dolía, cada palpito era más intenso, como si se estuviese despidiendo. El estomago me molestaba, me amenazaba con dejar de funcionar, si no la leía de nuevo, pero mis manos aun no tenían el valor. Una tonada me levanto de mis pensamientos, cerré los ojos concentrándome, un piano hermoso tocaba, lo imaginaba en mi interior, alce mis parpados, para ver en que parte de camino íbamos, las nubes nos tocaban, danzando con nosotros y el tren, abrí una puerta, para que dejara palparlas, mi pelo y mi vestido se alborotaron, rodeándome; su textura fue tan suave. Mire de donde venia la relajante melodía –que aun no me relajaba del todo- y ahí estaba, aquel piano de cola que había visto tocarla en mi mente, con un ser encapuchado. Mi sonrisa se curvo, instantánea, cerré la puerta y pose ambas manos –con la carta en ellas- sobre mi pecho, que aun no se apiadaba de mi pobre estructura dejando de presionar. Cerré nuevamente mis ojos. Me deje llevar por la melodía y me puse a bailar, pausado y calmado, siguiendo el son de aquella hermosa tonada. El cuerpo aun se me deshacía en cenizas igual que aquellos días… quemando... mi garganta aun aprisionada, mi boca pidiendo liquido a gritos, yo ahora… solo me deje llevar, no quería pensar, no quería querer, solo dejarme llevar… mis piernas se cansaron, mis pies se atrofiaron, caí desplomada al piso y ahí me quede, quieta, inerte, quemada por dentro, dejándome quemar… y recordé, a pesar de no querer, aquel cronopio, apreté mis manos y su carta, algo hacia valentía ahora en mi corazón, la leí… ahora yo, recordé la fuente, y la pregunta: “¿Qué deseas de corazón?”, se repitió en mi mente, llenando mi estomago de cuestionamientos y mi boca de falsas respuestas. Me pare de un salto, mi vestido me siguió, tome los oleos de mis pequeños bolsillos, pinte con mis manos en las paredes del tren, una hermosa tarde de lluvia y escribí a su lado: “Prométeme que saldremos a caminar por las nubes, cuando los ángeles lloren, sobre nuestra fría ciudad”. Deje los oleos tirados, abrí la puerta y me lance hacia las nubes espumosas, esperando -casi segura- que algun dia entrarias a ese bagon.


Tonada: Eternal sunshine of the spotless mind - theme


[A veces, quisiera tener alas para volar]

[...Fenris...]