Los truenos en aquella noche habían asustado mas a Claude que cualquier otro día de cualquier otro invierno, su pieza parecía algo inmenso, extraño y terrorífico. Sus gritos se ahogaban en ella, y nadie venia en su rescate, sintió lastima, lloró y gritó más fuerte.

Los minutos se agotaban y el pobre pequeño prefirió solo hundirse en la almohada y taparse totalmente con el cobertor.

La puerta rechinchineaba de vez en vez obligando a Claude taparse los oídos para intentar dormir.

Estaba completamente tapado cuando sintió algo sobre su cama, se tensó, y se abrazo, apretando los parpados entre sí creyendo que así iba a desaparecer, de sus labios salían silabas que apenas parecían silbidos:
-Ma- ma.

Aquel ser que se encontraba sobre el comenzó a jalar de las sabanas, a cada minuto más desesperadamente, Claude las apretaba en sus pequeños puños, cada vez subiendo mas la voz hasta que por fin pudo gritarlo.

-¡MAMÁ!-

-Cariño que ocurre- Sonó la voz melodiosa de aquel que se encontraba a su lado.

El pequeño se destapo en dos segundos y se lanzo a su falda.

-Mi amor, tranquilo ya aquí estoy-

Su voz le trajo aquella tranquilidad que te puede traer el cesar de una tormenta mientras sale el sol, le trajo alegría como lo era mirar a las mariposas juguetear a su alrededor y le trajo pena aquella pena irremediable que no pudo contener por no haber estado con él antes.

Su mano acaricio la rubia cabellera de su primogénito


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